jueves, 25 de mayo de 2017

Bearcat

El Grumman F8F Bearcat es una bestia parda. El último caza naval de hélice yanqui y último de los cazas de hélice Grumman "cat" voló por primera vez en 1944, y era mejor que los primeros reactores. Para crearlo, instalaron el motor más potente disponible (una enormidad de 2.000 o más caballos), el mismo de su antecesor Hellcat, en el avión más pequeño posible, una fórmula tradicional de hacer cazas.

The Fighter Collection tiene este Bearcat de 1948 desde sus inicios en los 80. Se construyó para la marina yanqui, y desde 1957 ha ido pasando por diversas manos privadas. Mostrando su arrolladora potencia en Duxford, Inglaterra, 2018.

Estaba pensado para operar desde portaviones pequeños. Buscaban sobre todo velocidad ascensional. Y ya lo creo que la consiguieron: oficialmente, 23 m/s. Pero en 1946, un Bearcat de producción batió un récord al subir a 10.000 pies en 94 segundos, a casi 32 m/s. Que es 115 km/h en vertical. Con un avión que pesa vacío más de 3 toneladas. Y que llevaba un piloto, aunque fuera menudito, y algo de gasolina, suponemos.

N68RW es de 1947 y también empezó con la marina yanqui. Después de pasar una temporada en un museo fue restaurado y llegó a participar en las carreras de Reno, con poco éxito. Oshkosh (USA), 2019.

A pesar del aspecto chato y no muy afilado típico de los aviones con motor radial, el Bearcat es también rápido. Mucho. Un avión estándar consigue más de 700 km/h. El Rare Bear, un avión de carreras que sigue compitiendo, consiguió en 1989 el récord absoluto de velocidad de aviones con motor de pistón, a 850 km/h. Llevaba un motor todavía más enorme que el original, puede que de unos 4.000 caballos.

Stephen Gray, fundador y dueño de la Fighter Collection se despide a sus 76 años (¡!) de las exhibiciones públicas en su Bearcat, mientras recibe una ovación de la multitud. Espero que siga volando muchos años. La Ferté Alais, Francia, 2014.

Una de las características más curiosas del Bearcat es que inicialmente se diseñó con puntas alares "rompibles". Si el piloto se pasaba de "ges", cedían, salían despedidas y podía seguir volando con las alas "recortadas". A poco que piensen en ello, esto es una barbaridad. ¿Qué pasa si se rompe sólo una punta? Pues que el avión se pone a dar vueltas incontroladamente y te estampas. A pesar de todo, insistieron. Pusieron cargas explosivas para hacer estallar automáticamente la otra. Claro, esto podía fallar: al menos dos pilotos se mataron. Finalmente decidieron reforzar las puntas y olvidarse.

Conquest es un Bearcat de carreras que usó el piloto Daryl Greenamyer para batir el récord de velocidad a 777 km/h en 1969. Y de paso pulverizando el que tenía desde 1939 Fritz Wendel en un Messerschmitt 209, a 755 miserables km/h. Mantenía el motor original, pero modificado para dar 3.100 caballos. Compitió varias veces contra Rare Bear, que como les he contado superó el récord 10 años después. Museo del aire y del espacio, Centro Udvar Hazy, USA, 2015.

Quedan un puñao de Bearcat en vuelo, y son unos aviones francamente espectaculares. Además parece que vuelan muy bien, y no son especialmente difíciles de volar. Pero me temo que no voy a volar uno. Una pena.

N2209 se aleja rugiendo tras despegar de Oshkosh hacia el sur. USA, 2019.

Un motor radial Pratt&Whitney R-2800. Las dos filas de 9 cilindros forman un bloque compacto y ligero ("sólo" 1.000 kg).  El primer motor de este tipo yanki, se empezó a usar en 1939. Su enorme potencia y tamaño relativamente reducido hizo que se usara en un montón de aviones. Durante la guerra en cazas y bombarderos (entre ellos los F4U, F6F, F8F, P47, B26, A26 y P61). Después de la guerra se siguió utilizando en aviones de transporte como el DC6. Y en la actualidad lo siguen llevando muchos Canadair CL-215 apagafuegos.


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